CHOPPER

C H O P P E R

Acompañante de Zorrito.

Falleció en Xalapa; Ver., el 20 de marzo de 2026.

Que su existencia en este mundo trascienda y el camino este lleno de luz y de amor, gracias por tanto. Vivirán siempre en nuestros corazones.

Sus compañeros humanos y Parai Zoo dieron una despedida digna y con Amor.

EPD

 

Los domingos se dedica un homenaje a las esquelas en el canal de Facebook.

El siguiente espacio es para mensajes de buena fé.

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Comentarios

  • Zorrito dice:

    Una noche luego de trabajar, llegué a casa y ahí estaba.

    Un pequeño gato blanco, con una mancha gris en la frente. Sucio de las orejas, de la nariz, con las patitas frías… y unos ojos de que me jodería la vida.

    A leguas se notaba cansado como si llevara mucho tiempo caminando, con los golpes de la vida encima.

    Se plantó en la puerta como si me estuviera esperando.

    Y sin pedir permiso… entró. Le di de comer y simplemente se quedó.

    Nunca más volvió a salir. Pareciera que en realidad ya había decidido que ese lugar era suyo. Y yo venía incluido.

    Tenía una forma de mirar única. Dulce… pero también violenta. Como si supiera algo que yo no.

    Sus maullidos no pedían cariño, lo exigían. Como si reclamara algo que ya le pertenecía.

    Y tenia razón

    Así empezó todo.

    No fue fácil.

    Fue lento… insistente… hasta maquiavélico.

    Siempre he amado a los animales pero jamás creí ser compañero de un gato.

    A mí nunca me gustaron los gatos. Siempre me he considerado alguien difícil de domar… y alguien así no puede convivir con otro igual. Eso pensaba.

    Me molestaban. Su soberbia, su forma elegante de caminar, esa manera de dejarte acariciarlos solo cuando ellos quieren.

    Pero este cabrón no.

    Este cabrón fue paciente.

    Días en los que tenía que irme a trabajar solo eseraba el momento para volver, pensando si estaría bien, si realmente le gustaba estar conmigo, si habia comido, si aun tenia agua, si cuando regresara iba a seguir ahí.

    Y regresaba…

    Y ahí estaba.

    Siempre estaba.

    La peor/mejor Tortura psicológica.

    Como si supiera que esa era su forma de seguir ganando terreno. y lo ganaba.

    Primero fueron pequeños espacios. Luego todos. Sin darme cuenta ya no era mi casa… era nuestra. El piso lleno de juguetes, cajas que se volvieron castillos, un mueble acomodado para que pudiera ver por la ventana como si vigilara todo.

    Y lo peor… es que me gustaba.

    Creo que de las cosas más cabronas que me enseñó fue eso… a ver el mundo como él lo veía. Con esos ojos amarillos, grandes, atentos. A detenerme en cosas simples. A quedarme.

    A estar.

    No llegó de golpe.

    Fue paciente.

    Y ganó.

    Se me subía encima como si yo fuera suyo. Como si desde el principio ya supiera cómo iba a terminar esto.

    Y tenía razón.

    Y eso no fue lo peor.

    Porque terminó ganándose al más frío. Con metrallas de ronroneos, con granadas de maullidos a lo Chuk Norris.

    El love bombing más violento.

    Ese gato lo tenía todo… si, alguna vez dije que si yo tuviera un gato tendria que cumplir un listado aparentemente interminable de características, y las tenia, incluso lo que no sabía que necesitaba. Era juguetón, exigente, curioso, tierno… terco. Me enseñó algo que conmigo parecía imposible: una rutina.

    Dicen que los dueños de gatos se reconocen por las cicatrices en los brazos.

    Yo no tengo ninguna.

    Este cabrón no me dejó marcas en la piel.

    Me dejó una aquí.

    En mi corazón.

    Y no es letal.

    Es profunda.

    De esas que no se curan nunca.

    Hoy ya no está.

    Así.

    Como un parpadeo.

    Una enfermedad congénita, degenerativa… de esas que no te dan ni tiempo de hacerte el fuerte. La veterinaria lo dijo claro: ya no había mucho que hacer.

    Así que lo traje a casa.

    Dormí con él.

    Respiraba con dificultad, con dolor… y yo ahí, impotente, acariciándolo, como si eso pudiera cambiar algo.

    Y tal vez sí lo hizo.

    Porque en algún momento entre lágrimas y sollozos, dejó de quejarse. Ronroneó… y se quedó dormido.

    Pese a todo… ese instante se sintió como un gran triunfo.

    Como si al menos hubiera podido darle eso.

    Un poco de paz.

    Chopper llegó como esos personajes de Charles Bukowski… jodidos, golpeados, sin nada… pero con esa forma de quedarse con todo.

    Y lo hizo.

    Porque es el único ser que he conocido que ha confiado más en mí… de lo que yo he confiado en mí mismo.

    Tal vez esto solamente sean estupideces emocionales de alguien que ha perdido a su mejor amigo. Una pequeña alma gemela.

    Quizá haya alguien allá afuera que lo lea esto y lo entienda… quizá no.

    Pero quien sí lo entienda… sabe perfectamente lo que es recibir un amor puro, de esos que se dan sin esperar nada a cambio…

    Y eso… aunque duela como duele ahora…
    no tiene nada de estúpido.

    Escribirlo… tal vez ayuda.

    Y a Chopper.

    Mi gran conquistador.

    Que tu imperio de amor se extienda mas allá del reino de los cielos. te extraño amado amigo.